1ª ETAPA BIOGRÁFICA:
Pensar
en las etapas o hitos más relevantes que caracterizado la propia trayectoria
vital, destacando momentos y experiencias más significativas vividas en el
entorno familiar, en la escuela, en la universidad, con los amigos/as… ¿Cuál ha
sido mi estilo vital hasta el momento?
Antes de comenzar a hablar sobre mi
reflexión, quiero decir que he decidido estructurarla en varias etapas, ya que,
debido a las circunstancias que se han presentado durante toda mi vida, para
mí, el proceso reflexivo comenzó hace años.
Por ello, desde hace un par de años
hasta hoy, he sentido que mi vida se divide en tres etapas: la primera va desde
mi nacimiento hasta mis diez años, y es probablemente la más oscura de toda mi
vida, porque está caracterizada por hechos difíciles y poco agradables que me
marcaron de forma negativa y a día de hoy aún toman repercusión, pero eso no
importa, porque si no pasáramos por tiempos difíciles, no apreciaríamos bien
los momentos felices. La segunda etapa, que va desde mis 10 años hasta la
muerte de mi padre con 14, siempre la he considerado una etapa de transición e
incertidumbre, puesto que me encontraba en una etapa de maduración y cambios en
mi vida. La tercera y última etapa, por ahora, va desde entonces hasta hoy. Sin
duda, para mí, es la etapa en la que más momentos felices recuerdo.
Durante mi primera etapa, mi estilo de
vida fue el mismo que el de cualquier niña de mi edad. De pequeña me encantaba
jugar con muñecas y, ahora que lo pienso, probablemente fue entonces cuando,
sin darme cuenta, comencé a descubrir mi faceta más creativa que a día de hoy estoy
en proceso de desarrollar. Para entonces todo giraba en torno a lo que hacía en
el colegio y el ámbito familiar. No había más. Sin embargo, como me encantaba
jugar a las muñecas Barbies, siempre
creaba historias muy diferentes a las que me rodeaban, y de las cuales mi madre
se preguntaba cómo podría yo tener constancia. Me encantaba jugar a que estaba
en otros mundos, con personas que se alejaban mucho del perfil de mi madre. Eso
siempre llamó la atención de mis familiares. Al principio creían que yo era una
niña rara, pero después simplemente me dejaban seguir así, porque no obtenía
malas notas en el colegio, ni tenía conductas impropias de los niños de mi
edad.
Además de todo esto, un hecho que me
hizo adquirir grandes valores durante mi primera etapa, fue el nacimiento de mi
hermano. Como casi todos los hermanos mayores, al principio sentía celos,
porque él recibía toda la atención de mi madre, una cuna preciosa… pero a
medida que iba creciendo, mi madre fue dándome responsabilidades y me pedía que
le cuidara, por lo que fui aprendiendo lo que era la responsabilidad,
compartir, solidaridad, formalidad, a saber imponer mi autoridad cuando me
corresponde, obediencia, sinceridad, fortaleza, perseverancia, paciencia,
disciplina… Todos aquellos valores que aún hoy conservo y que me caracterizan a
la hora de trabajar y tener relaciones de amistad y afecto con los demás.
Fue durante la segunda etapa de mi
vida, cuando mi carácter comenzó a
cambiar. Comencé a salir sola con amigas a la calle, a conocer a más gente,
otros lugares, asistir a clases extraescolares… Pero bien es cierto que mi
faceta creativa siempre ha estado presente. Fue a mis 13 años, cuando me
regalaron mi primer ordenador, cuando descubrí las hojas procesadoras de texto,
cuando las historias que escenificaba jugando a las muñecas, las comencé a
plasmar en papel. Las palabras salían solas, y poco a poco iba creando pequeños
cuentos que después enseñaba a mis familiares y amigos. ¿Por qué considero esto
importante? Pues porque siempre he considerado que de todas las personas que
conoces se adquiere y aprende algo, y al escribir historias, creaba personajes
muy diferentes, y de cada uno de ellos aprendía muchísimo. Después de esto,
seguí creciendo, y gracias a ello, es por lo que me resulta tan fácil escuchar
y comprender a la gente, porque cada uno de ellos me recuerda a alguno de mis
personajes creados, y los entiendo. Por eso pienso que psicopedagogía es una
carrera ideal para mí, porque después, cuando trabaje, no me supondrá ningún
esfuerzo ayudar a la gente, ni aconsejar,
ni asesorar, o simplemente escucharles, ya que eso, a veces, es la mejor
terapia.
Ha sido durante la tercera etapa,
cuando he ido consolidando todo esto. Con 15 años, vino a mí una historia que
comencé a desarrollar, y tras varios días sacándola de mi cabeza, me dí cuenta
de que tendría para largo. Tardé 4 años en terminarla, pero desde entonces, y
unido a las diferentes etapas que he ido viviendo, se han ido consolidando
todos los rasgos de mi personalidad que me hacen hoy ser como soy.
Gracias a mis historias, como ya he
mencionado anteriormente, he desarrollado cierta empatía, pero además me han
hecho, junto a las personas de mi vida de las que tanto he aprendido, una
persona muy alegre, a la que siempre le gusta ver un lado bueno de cada cosa
que sucede. Siempre recordaré, el último día de clase en segundo de
Bachillerato, cuando un profesor se me acercó a decirme: “Este curso me aprendí
tu nombre en seguida porque te recordaba del año pasado, porque cada vez que te
veía por los pasillos, siempre estabas sonriendo, y me alegra ver que no has
perdido esa sonrisa”.
Además, es durante esta tercera etapa
donde ha estado una de las personas más importantes de mi vida: mi actual
pareja. José Enrique es, sin lugar a dudas, una de las personas de las que he
aprendido en el mundo. Nos conocimos por casualidad y gracias Internet, pero
desde que comenzamos a salir siento que he aprendido muchísimo de él, y es que
en momentos de flaqueza, él ha estado ahí, incluso en los peores momentos de mi
vida como la muerte de mi padre, y me ha enseñado a superar día a día las
adversidades que se presentan. Él es una persona a la que yo admiro consideradamente.
Podría decirse que es aún más optimista que yo, además de muy humilde, sincero
y asertivo. Siempre lucha por lo que quiere, y eso me hace pensar que tomé una
de las decisiones más trascendentales de mi vida al escogerle a él para ser mi
pareja.
Tras reflexionar después de todo lo
anterior, me doy cuenta de que, con algunas excepciones, mi estilo de vida ha
sido siempre muy positivo. Quiero destacar, que hace tiempo, tuve una
conversación con una amiga que me marcó bastante, ya que me dijo: “Sin
proponértelo, eres el centro de unión del grupo”, y a decir verdad, tras
pensarlo, me di cuenta de que sin quererlo, he desarrollado una capacidad
especial para unir a aquellas personas que son importantes para mí. Además, ya
que siempre he sido muy generosa, esto se afianza aún más, y como ya he dicho
que siempre considero que se aprende mucho de todas las personas que entran en
nuestra vida, quiero que todos mis amigos puedan empaparse de todo lo bueno que
nos aportan los demás. Y para más inri, creo que rodearnos de gente que nos
quiere y nos entiende, es lo que al final nos llena y colma de felicidad.
Una anécdota sobre esto, es por
ejemplo un evento que organicé sólo para chicas. He de decir, que en mi grupo
muchas de nosotras tenemos pareja, y generalmente solemos ser más personas del
sexo masculino que del femenino cuando salimos a divertirnos. Un día decidí que
una “noche de chicas” nos vendría bien, así que reuní a todas aquellas que
creía que podrían encajar en el mismo grupo y las invité a mi casa para hacer
una fiesta con pasteles y chucherías, para después salir todas juntas a tomar
algo. Para ello, llamé a mis dos mejores amigas que conservo desde el colegio,
a tres chicas con las que suelo salir de mi grupo de amigos del barrio, a otras
dos que conservo del instituto, y a una amiga que hice durante mi viaje a Nueva
York. He de reconocer que justo antes de que todas llegaran a mi casa sentí un
poco de miedo ya que era arriesgado presentar tantas personas al mismo tiempo y
esperar que no se formen “subgrupos”, pero esa sensación se disipó rápidamente al
percatarme de las personas a las que había invitado, ya que confiaba en ellas.
De hecho todo salió mucho mejor de lo esperado. Entre todas se formó un gran
vínculo y nos divertimos muchísimo.
Todo ello no habría sido posible si no
hubiera afrontado las cosas con valentía, ya que, aunque al principio me cueste
y me resista, al final siempre me enfrento a todos los retos que la vida me
plantea, y los supero con creces superando mis propias expectativas. Es algo
que ha caracterizado las tres etapas de mi vida: soy una persona que se
esfuerza y que trabaja por conseguir lo que quiere y tiene que conseguir. En el
ámbito académico, tanto en el colegio como en la universidad siempre he sido
una persona que ha luchado mucho por sacar buenas notas y abrirse un camino
futuro lleno de posibilidades.
Y en el ámbito personal, la cuestión
no es diferente. Lucho por los que quiero, y cuido de ellos en la medida que me
es posible hacerlo. Siempre respeto a todo el mundo y, aunque no me guste
repetirlo, me encanta rodearme de gente por las razones que ya he nombrado
anteriormente.
Pero no estoy orgullosa de todos los
aspectos de mi personalidad. Debido a que no he tenido una infancia fácil, y
que a partir de ahí he estado en una especie de “celda acolchada”, creo que a
día de hoy soy un poco cobarde en cuanto a sufrimiento se refiere. Antes de
tomar contacto con personas nuevas soy muy cautelosa, y siempre necesito un período
previo de observación y conocimiento de la persona, antes de dar y mostrarme
tal como soy. Un ejemplo muy reciente sobre esto, es durante el último viaje
que hice a Nueva York. Allí iba con dos compañeros de clase a los que ya
conocía, por lo que me sentía cómoda. Pero, al ir a vivir a un bloque de
apartamentos, teníamos vecinos. Los tres/cuatro primeros días los tomé como si
estuviera haciéndoles un examen, y si ellos no hubieran sido como son,
probablemente habría tardado más en aceptarlos. Tras esto quiero destacar que
se forjó una gran amistad, y que tras volver a España después de tres semanas,
costaba mucho seguir con nuestro ritmo de vida sin verlos a diario, antes de
acostarme, al levantarme, para comer, para ir a la academia…
Otro punto que me gustaría cambiar es
mi manera de actuar caprichosamente. Desde que mi hermano se fue a vivir con su
padre cuando yo tenía 10 años, mi madre siempre me ha dado casi todo lo que he
pedido y, por lo tanto, hasta que no me he encontrado en situaciones en las que
verdaderamente tengo que hacer cosas que no me gustan, no he descubierto que
ese es un aspecto que debo cambiar, aunque he de destacar que intento
esforzarme por hacerlo.
Al mismo tiempo, en los últimos años
he notado que mi tolerancia a la frustración ha ido disminuyendo bastante, ya
que estoy acostumbrada a amoldarme bien a todas las situaciones y, al
enfrentarme a retos cada vez más difíciles, resulta más complicado.
El último aspecto que siento que ha
influido y marcado, en gran medida, mi estilo de vida, es mi afán por viajar.
Desde que descubrí esta afición, que creo que comparto con muchas personas a
las que conozco y a las que no, siento que mis valores se han afianzado y que
mi mente se ha abierto muchísimo más. Conocer otras culturas, personas tan
diferentes a ti, costumbres… Pienso que todo eso te ayuda positivamente a la
hora de formar tu estilo de vida.
Como resumen de todo lo anterior,
estoy muy orgullosa con la forma en que he llevado mi vida hasta ahora, pero
aún quiero mejorar algunos aspectos como el de la tolerancia y mi radicalidad
que caracteriza los últimos meses de mi vida, pero en general estoy bastante
contenta. Creo que me considero, y los que me rodean estarán de acuerdo, una
persona bastante optimista, empática y con ganas de ayudar siempre a los demás,
alguien que se esfuerza y alguien a quién le gusta aprender. Y como tal, me
gusta rodearme de personas que son como yo.
Por último y para concluir esta etapa,
he creído conveniente recoger algunas frases, que alguna vez leí o escuché y
que pienso que se ajustan exitosamente a mi estilo de vida:
“La
vida es solo una y es demasiado corta, nunca te quedes con las ganas de hacer
algo.”
“Es imposible' Dijo el orgullo. 'Es arriesgado' Dijo la experiencia. 'No tiene sentido' Dijo la razón. 'Inténtalo'
susurró el corazón.”
“Toda
historia tiene un final feliz... Si no eres feliz, entonces no es el final.
Sigue adelante, lucha y al final lo serás.”
“Vivir
cada hoy, como si no hubiera ningún mañana”
2ª ETAPA BIOGRÁFICA:
Reflexionar
sobre cómo ha sido la gestión del tiempo, es decir, qué decisiones se han
tomado (personal-formativa-profesional) que hayan caracterizado nuestra trayectoria.
A qué se ha dedicado el tiempo, cuáles han sido los roles desarrollados y las
preocupaciones vitales más relevantes, quiénes nos han apoyado para resolver
posibles preocupaciones…
A lo largo de mi vida, siempre he
tomado decisiones en función de lo que fuera necesitando, pero éstas no han
sido siempre las más acertadas. Sin embargo, tarde o temprano he sabido
recapacitar, asumir el error, y rectificar, y aunque siempre ha habido alguien
a quien no le ha gustado, al final he tenido que terminar haciéndolo.
En referencia al ámbito personal creo
que en el 90% de los casos he tomado las decisiones más correctas. También es
cierto que de pequeña no tenía que tomar muchas decisiones, ya que los adultos
las tomaban por mí, y cuando he ido creciendo, he ido sintiendo que las cosas
me venían solas, pero el aceptar a mi verdadero padre en mi vida, y luchar por
mi novio, son sin duda las decisiones más importantes que han caracterizado mi
vida en este ámbito. Como ya he dicho anteriormente, son personas de las que me
he rodeado que a día de hoy me hacen ser como soy.
De no haber sido por mi padre, nunca
habría tenido ese primer ordenador en el que escribí mi primera historia,
además de muchas otras anécdotas que me hacen ser como soy, y si no hubiera
conocido a mi novio, mi vida hoy sería muy diferente. Probablemente no tendría
el grupo de amigos que tengo hoy, no habría ido al instituto al que fui, y no
habría estudiado Magisterio y, por consiguiente, tampoco Psicopedagogía.
Con respecto a mis decisiones formativas-
profesionales, creo que van bastante relacionadas. En este ámbito estoy un poco
menos contenta, ya que tras un error, al escoger dibujo en lugar de biología
antes de entrar en bachillerato, me limitó el acceso a la carrera que yo
siempre había querido, que era medicina. Desde entonces me he estado
preguntando qué habría pasado de haber escogido Biología en lugar de Dibujo
técnico. Pero, a pesar de ello, eso me hizo abrir la mente aún más y decidí
escoger arquitectura como opción profesional aunque, posteriormente esa
decisión cambió tras conocer a una persona que extendió ante mis ojos el mundo
de la educación y la orientación psicopedagógica. No obstante, siempre me he preguntado qué
habría sido de mí si hubiera entrado finalmente en medicina o arquitectura,
pero eso es algo que ya nunca sabré.
En general, he dedicado mi vida a
estudiar, jugar con mis amigos, estar con mi familia y ser feliz. Es
últimamente cuando estoy dedicando mucho más tiempo a aprender aspectos menos
relacionados con mi profesión, pero no por ello menos importantes, como la
política, filosofía, historia…
Mi vida siempre se ha caracterizado
por la tranquilidad, y generalmente he desempeñado un rol muy pasivo, que actúa
únicamente cuando tiene que hacerlo. Pero es durante este último momento de mi vida, justo cuando estoy
estudiando psicopedagogía, estoy trabajando con demasiado estrés a mi alrededor
con mis compañeros de psicopedagogía, así que siento que tengo que moverme más
y unir a mis compañeros para que el ambiente no esté tan tenso.
Las preocupaciones que han marcado mi
vida desde el principio no han tenido que ver con las decisiones profesionales.
Generalmente, y debido a la falta de trabajo de mi madre, la preocupación era:
¿Tendremos para comer el mes que viene? Esto ha impedido que me preocupe
demasiado por otras cosas que considero más insignificantes, como sacar malas
notas, o enfadarme porque alguna amiga me coge el lápiz de ojos sin permiso.
Creo que me
siento bastante afortunada al tener una amplia variedad de personas que siempre
me han apoyado en los momentos difíciles de mi vida. Empezando por mi madre,
que está conmigo desde que nací, es siempre la primera a la que he recurrido
desde que era muy pequeña. Aún recuerdo el día que vino mi primer período y yo,
asustada, acudí a ella y nunca olvidaré la cara que puso al percatarse de la
situación. Después está José Enrique, la segunda persona por la que más apoyada
me siento desde que le conocí. Como ya he dicho anteriormente, ha estado
conmigo desde que empezamos a salir cuando yo tenía 14 años, y me ha acompañado
en todas las decisiones y momentos importantes de mi vida. Para colmo, están también el resto de mi familia, como
mis abuelos o mi tía, mi hermano cada vez que ha podido, y desde hace 3 años,
Mario, el nuevo marido de mi madre. Por último quiero nombrar también a mis
compañeros de clase y mis amigos, por los que también me he sentido arropada
cada vez que lo he necesitado. Es por todos ellos por los que digo que me
considero afortunada. Aunque es imposible no sentirse sola en algún momento de
nuestras vidas, sin duda gente como ellos lo hacen todo muchísimo más
llevadero.
3ª ETAPA BIOGRÁFICA:
¿Cuál
es nuestro punto de partida con respecto a la carrera profesional? (transición
universidad-empleo, por ejemplo), ¿cómo defino este momento?, ¿cómo lo valoro?,
¿qué posibilidades profesionales preveo?, ¿cómo percibo el mercado de trabajo?,
¿y mi profesión como psicopedagogo/a?, ¿qué dificultades siento?, ¿qué
herramientas tengo (competencias, recursos...)
Creo que no sabría definir con
exactitud el punto del que parto con respecto a la carrera profesional en la
actualidad. Lo cierto es que ahora mismo me siento bastante perdida al respecto,
y lo único que conozco hace referencia al ámbito educativo. En realidad, en
este momento, siento que tengo la educación un poco atravesada y me gustaría
expandir mis horizontes y enfocarme más bien en personas adultas, pero es muy
amplio el desconocimiento que tengo al respecto.
Por ello, creo que ahora mismo podría
definir este momento con una sola palabra: Incertidumbre. Me gustaría que esta
Licenciatura, por la que decidí cursar magisterio, a diferencia de muchos de
mis compañeros, tuviera más asignaturas enfocadas de diferente forma porque yo
hice Magisterio de Educación Especial, y en muchas ocasiones siento que repito
lo mismo una y otra vez, ya que tengo asignaturas cuyo contenido yo ya he
cursado. Además, con respecto a esto, creo que debería hacerse algo con la
forma de estructurar las asignaturas o el acceso, puesto que personas en el
mismo caso que yo, estamos cursando un año cuyo 70% de asignaturas ya
conocemos, y es muy grande la frustración al sentir que estamos perdiendo un
año repitiendo una y otra vez lo mismo.
Sin embargo, siento y quiero sentir,
que hay muchas posibilidades de trabajo ahí fuera, sólo me falta un último
empujón para salir de las 4 paredes que forman la clase de la facultad, y
conocer el amplio abanico de posibilidades que se forman a mi alrededor. Sí que
es cierto, además, que durante algún tiempo me gustaría dar clase a alumnos de
psicopedagogía en la facultad, pero eso es otro dilema, puesto que no sé si
esta carrera finalmente se extinguirá, algo que me daría muchísima pena, o si
acabará siendo un grado.
A decir verdad, lo cierto es que el
mercado laboral no se encuentra en su mejor momento, con la tan citada
“crisis”, el número de parados aumenta y cada vez hay más gente que se dedica a
hacer trabajos en sus casas, aumentando con ello la economía sumergida y, con
ello, el paro. No digo que sea culpa de todos ellos, aunque en muchos casos
debería haber mucha gente en la cárcel, pero sí que es cierto que mirando al
futuro, ahora mismo se ve todo demasiado negro. Son muy pocas las personas que
sienten optimismo al respecto y, aunque no quiero entrar en política, creo que
para solucionar todo esto, nos vendrían bien un gran cambio democrático de la
misma magnitud que el que sucedió hace poco en Islandia. Mientras tanto no creo
que la situación varíe lo más mínimo, sino que irá empeorando.
Una vez se produzca este cambio, estoy
más que segura de que la situación será mucho diferente, y se mirará al futuro
con mucho más optimismo de lo que se hace ahora.
Con respecto a mi profesión como
psicopedagoga, he de decir que, me encanta. Como ya he mencionado antes, yo no
hice magisterio porque quisiera ser maestra (a pesar de que he aprendido
muchísimo y creo que ha sido una de las decisiones más acertadas de mi vida),
sino porque quería acceder después a este segundo ciclo que es psicopedagogía.
Siempre me ha sido muy fácil escuchar a los demás y aconsejar, exponerles
ejemplos y asesorarles. Creo que a día de hoy esta puede ser la profesión que
más vaya a mi forma de ser, porque además me siento muy feliz haciéndolo, y si
ya hago parte de lo que conlleva esta profesión gratis, si además puede darme
de comer, creo que llenará un gran hueco en mi vida. Lo que sí es cierto, es
que antes de llegar a desempeñar mi trabajo de por vida, me gustaría probar
diferentes campos con respecto a esta profesión, para ver en cuál de ellos me
siento más cómoda, y así poder decidir entre uno y otro a sabiendas de que es el
trabajo que más se adecúa con mi estilo de vida.
Sin embargo, no todo es un camino de
rosas. Como es normal, hay dificultades, como son las mencionadas anteriormente
con respecto al mercado de trabajo. Por ahora no sé dónde podría acudir, salvo
contados sitios como por ejemplo Andalucía Avanza y alguna que otra
institución, independientemente del ámbito educativo.
Otra dificultad que veo es, por
ejemplo, la falta de experiencia. Puede que se deba a que por ahora aún no he
hecho mis prácticas en ningún sitio, pero si a día de hoy me soltaran para
desarrollar mi trabajo como psicopedagoga, tras haber dado asignaturas que
considero inútiles (en base a mi experiencia anterior, mis compañeros de otras
especialidades no piensan como yo), no me veo capaz de trabajar como tal, y
probablemente me bloquearía y no sabría seguir adelante, a pesar de tener una
persona que necesitara verdadera ayuda y me la estuviera demandando.
Pero, a pesar de todas estas
dificultades, no todo es de color negro para mí. Como ya he dicho
anteriormente, soy una persona bastante optimista, y lo que sí es cierto es que
tengo una gran capacidad de absorción para el aprendizaje y me adapto con
facilidad a cualquier ambiente. Siempre he sentido eso como una gran
competencia y capacidad que me hace valiosa para el mercado laboral. A todo esto tengo que añadirle que nunca me
ha importado esforzarme por hacer las cosas, y que siempre tengo ganas de
trabajar y de hacer las cosas lo mejor posible, aunque algunas veces me cueste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario